La dieta mediterránea

La dieta mediterránea es sinónimo de pan, aceite de oliva y vino. Si es de la casa, mejor. Estos tres elementos conforman desde la antigüedad romana, y aun siglos antes, una gran variedad de platos característicos de la costa hispana. Las combinaciones de hoy día pueden resultarnos tan exóticos como la sopa Paraguaya a los europeos.

La costa mediterránea española es un punto ideal de encuentro entre el mar y la montaña. Pero también es el lugar donde el apetito encuentra el mejor sabor y un espacio donde comer bien es una obligación.

Tres comunidades autónomas de España monopolizan la costa mediterránea y dominan con sus mejores platos reconocidos a nivel internacional. Nadie puede negar que esa sopa fría de pan, ajo, tomate, pepino y pimientos llamada “gazpacho” es de Andalucía, la mejor paella se hace en Valencia, y la butifarra con “mongetes” o judías blancas y salsa alioli es de Cataluña.

Todos estos platos tienen en común un elemento que los une y que viene de la antigüedad: el aceite de oliva.

Un manjar de mariscos
Un manjar de mariscos

Los romanos decían que este aceite era el mejor alimento para erradicar o estar a salvo de muchísimas enfermedades.

En todos los bares o restaurantes barceloneses, el aceite de oliva es el aliño fundamental de las “amanidas” o ensaladas catalanas, es el que permite sofreír el revoltillo de ajos tiernos con las gambas “camarones” y permite preparar las albóndigas con sepia. Este último es un plato típico de la costa Brava catalana que ha surgido de la audacia a la hora de experimentar en la cocina. En esta costa también se encontraron la carne vacuna con los frutos del mar.

Esto es producto de la audacia del ama de casa o del pescador que se hartaban de comer siempre lo mismo y decidieron juntarlos a ver qué pasa. En esta audacia nos diferenciamos del resto de España, pues en la meseta nadie osa a estas mezclas raras, pero en la costa, tal vez no es nada de otro mundo porque viene de los fenicios y romanos.

En el menú mediterráneo tampoco falta el “elemento de espera” y el acompañamiento de las comidas: el pan. Los catalanes han “inventado” el “pan con tomate” como aperitivo. La receta es muy sencilla, pues se prepara frotando un diente de ajo sobre el pan, para luego restregarlo con tomate y agregarle aceite de oliva. El pan con tomate es producto de la escasez que agudiza el ingenio en tiempo de crisis, pero luego se ha extendido el uso volviéndose un hábito.

De bebida, la dieta mediterránea no tiene mayor exigencia que agua fresca o vino tinto. Nada de gaseosas.

Y para el postre, la infaltable “crema catalana” que no es otra que la misma crema preparada por nuestras madres o abuelas, con leche y huevos, decorada por arriba con azúcar quemada. No creo que lo catalanes tengamos la patente o la primicia de su preparación pero son productos de subsistencia a partir del elemento leche. La tienen los franceses y los ingleses así como ustedes en América. Solo que tal vez le agreguen a alguna variedad el maíz.

Crema catalana
Crema catalana

En España los bares y restaurantes están abarrotados de comensales en las principales horas del día. Son comunes ver filas de personas a la espera de mesas y hay sitios en los que uno no debe asomar sin previa reserva. El medido día “las dos y media de la tarde” obliga a las reuniones de amigos y de trabajo para departir amenamente mientras se entretiene el paladar. Vamos a comer.

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